viernes, 10 de agosto de 2007

Déjà Vu

Nota del Autor: Leer ésta nota dos veces puede ser fruto de un Déjà Vu.

Para quienes no estén familiarizados con el término, "Déjà Vu" en francés quiere decir "Ya visto". Es la sensación de vivir dos veces el mismo momento. Como cuando vas subiendo una escalera, ves pasar un gato negro y un segundo después ves pasar nuevamente el mismo gato en la misma dirección. Algunos atribuyen estos fenómenos a capacidades paranormales en las personas, errores en el sistema o una máquina del tiempo manejada por Denzel Washington. Pero los aguafiestas de los científicos salieron con que es una anomalía del cerebro, que generalmente se dá entre los 15 y 25 años de edad, pretendiendo tirar abajo lo divertido de la cuestión.


Científicos intentaron recrear éste fenómeno en un laboratorio para poder determinar sus causas, pero no les fue posible. Algunas de las teorías apuntan más que nada a una falla neuronal. Un problema por el cual el cerebro altera su funcionamiento normal provocando ésta sensación de haber vivido anteriormente lo que se está viviendo ahora.


Una teoría indica que el problema radica en el proceso que el cerebro utiliza para guardar los recuerdos a corto plazo. Aparentemente, y esto me lo explicaron hace muchos años por lo que podría equivocarme, el cerebro capta la información que le envían los ojos, analiza lo que vemos y luego lo almacena. A veces el cerebro sufre un desliz y almacena antes de analizar. Con lo que después de analizar quiere almacenar de nuevo, pero se da cuenta que ese recuerdo ya estaba en la memoria a corto plazo y es ahí cuando se produce el Déjà Vu.


Otra teoría dice que los Déjà Vu se producen por un retraso en la recepción de las entradas perceptivas de la mente consciente, permitiendo que el inconsciente perciba primero el entorno. Para cuando el consciente lo percibe éste ya se encuentra en la memoria provocando la sensación de que se está viendo algo que ya se había visto.


La redacción de éste Blog, tras una prolongada reunión adornada con botellas que eran vaciadas de a poco por los asistentes, comentarios desagradables y chistes burdos; no pudo determinar si los científicos han planteado dos teorías sobre los motivos que provocan un Déjà Vu o simplemente plantearon una sola teoría con distintas palabras.


Promediando la reunión de editorial y teniendo la mesa poblada de botellas vacías (lo que en la jerga popular se denominan "cadáveres") se produjo un interesantísimo debate entorno a los Déjà Vu.


Primero quisimos determinar si el plural era "Déjà Vus", "Déjà Vues" ó "Déjà Vuses". Pero luego de discutir acaloradamente durante largo rato, y cuando un par de miembros que sostenían distintas posturas estaban empezando a desconocerse, un mediador puso paños fríos a la situación al grito de "¿Sómo amigo o no sómo amigo?" y todos respondimos levantando nuestras copas y vitoreando frases como "¡Que viva la patria!", "¡Vivan los novios!" y "¡Que no se corte!". Finalmente decretamos que "Déjà Vu" es una expresión extranjera y por lo tanto no debe ser pluralizada. Además, una palabra que no tiene plural gana jerarquía por el misterio que la envuelve, sobre todo cuándo uno se pregunta "¿Por qué carajo no tiene plural?".


Luego debatimos sobre el motivo por el cuál se produce el fenómeno que titula ésta nota y generamos nuestras propias teorías. Una es que son visiones premonitorias sobre lo que va a pasar a futuro. A 2 segundos en el futuro. Y la otra es que los hombres (y quizás las mujeres también) tenemos la capacidad de viajar en el tiempo. Podemos volver 2 segundos en el tiempo sin planearlo y sin desearlo.


En aquella oportunidad no fue determinada la utilidad de poder adivinar el futuro con 2 segundos de antelación, o de viajar en el tiempo y no tener tiempo de cambiar el pasado. Pero guardamos la esperanza de que futuras generaciones puedan mejorar éstas habilidades y les encuentren una utilidad.


Finalmente establecimos la diferencia entre un Déjà Vu y una simple repetición de acontecimientos. Así determinamos algunos casos de la vida cotidiana que no son Déjà Vu:


1) Ir todos los días al trabajo por el mismo camino.
2) Que tu novia te pregunte cincuenta veces si le queda bien el vestido nuevo.1
3) Que tu mamá te llame quinientas veces para ver si estás bien en tu nuevo departamento.
4) Que tu novia te pregunte cincuenta veces si estás seguro que le queda bien su vestido nuevo.1
5) Recibir tres mil veces el mail de la vírgen desatanudos y otras cadenas innecesarias e inútiles.
6) Que tu novia te pregunte si estás por demás seguro que le queda bien su vestido nuevo.1


Para terminar, y como premio a los lectores que llegaron al final de la nota les damos la oportunidad de experimentar lo que es un Déjà Vu en carne propia. Quienes decidan hacerlo van por cuenta propia. La redacción del Blog no se hace cargo por los daños que éste experimenta pueda provocar en su lóbulo temporal. Para poder seguir adelante con el experimento sólo hagan click AQUI.




jueves, 26 de julio de 2007

No LLamarás

No tengo que llamarla. Aunque me esté muriendo por llamarla para escuchar su voz y preguntarle cómo está, con la secreta esperanza de que me diga que desde que nos separamos no puede dormir y se quiere arrancar los ojos por haberme dejado, no tengo que llamarla. Mi orgullo tiene que ser mas fuerte.


Si ella me dejó corresponde que ella me llame para decirme que se arrepintió. Claro que yo la atendería con aires de indiferencia. Después arreglaríamos para encontrarnos en algún lugar y conversar. La conversación terminaría en reconsiliación y todos felices. Pero no voy a ser yo quien levante el teléfono y haga la llamada, le corresponde a ella.


Quizás se cortaron las líneas teléfonicas en su área y por eso no ha podido llamarme. Má si, yo la llamo.


Tarda en conectar la llamada. Ahí empezó a sonar. ¿Empezó a sonar?, entonces corto. Si el teléfono suena quiere decir que no me llamó porque no quiso. No tiene excusa para no haberme llamado. Infeliz.


Entonces... si el teléfono funciona a lo mejor el problema lo tuvo ella. ¿No habrá tenido un accidente?. Quizás la atropellaron y está en el hospital. Sería de buen ex novio llamarla para ver cómo está y si me dicen lo del accidente ir a visitarla. Llevar un pequeño ramo de flores. No muy pequeño para que no parezca de compromiso y no muy grande para que no se noten mis intenciones de reconquistarla. Moribunda en su cama me tomaría la mano y me diría que eso no hubiese pasado si yo hubiese estado con ella, y me pediría que nunca más nos separemos. Sería un héroe salvador y un romántico que le lleva flores al hospital. Si, ¡la llamo!.


Suena una vez, suena dos veces, suena tres... alguien levanta el teléfono... ¡es ella!. Corto. ¿Cómo puede ser que no se le haya caído un piano encima?. Me la quiere hacer difícil. El teléfono funciona y ella está bien. Entonces, ¿Por qué no me ha llamado?.


Camino de lado a lado pensando qué está pasando. Seguramente ella está igual que yo, ansiosa junto al teléfono mordiendose los dedos para no llamarme. Con la mirada fija en el aparato esperando que suene con la esperanza de que sea yo el que la llame. Esperando que al atenderme me quiebre y le pida, bañado en llanto, de que me perdone y volvamos a intentarlo. Pero no le voy a dar el gusto. Ya descubrí cuál es su juego. Que se joda, porque yo no la llamo.


Me voy a la cama y espero que me dé sueño. Una oveja... Dos ovejas... Tres ovejas... Cuatro, Ochenta y tres, Cincuenta y dos... ¡NO!, ése es el teléfono de ella. Tengo que encontrar una forma de sacarmela de la cabeza.


Mis piernas me llevan, contra mi voluntad, hasta la silla frente al teléfono. Me siento y lo veo, pero agarro mis manos a la espalda para no hacer ninguna tontería. Sin darme cuenta mi frente, con una destreza que desconocía, golpéa el tubo que da 2 vueltas en el aire y cae en la mesa. Escucho el sonido que salé del auricular. Ése interminable Tuuuuuuuuu me invita a marcar el número, a llamarla. Pero yo soy más fuerte y mantengo mis manos en la espalda. Un aparato con sonido onomatopéyico no me va a doblegar. Mientras mi cerebro se ocupa de mantener mis manos alejadas del teclado, mi cabeza marca el número con la nariz y luego se pone contra el tubo.


Atiende ella otra vez. Su "Hola" es más dulce y adictivo de lo que había pensado. Me muerdo los labios para no decirle que la amo. Lo único que sale de mi boca es un "ah... em... um..." casi jadeante. "¿Quién habla?" pregunta comenzando a alterarse. Me doy cuenta de lo desagradable de mis sonidos y me callo completamente. Pero la respiración se me agita, el esfuerzo por permanecer callado es demasiado y la presión comienza a notarse en mi respiración. Ella, del otro lado, escucha mi respiración agitada. Grita "Degenerado" y cuelga en lo, que me parece, fue un golpe brusco contra el teléfono. Incluso su último grito me pareció dulce y adictivo.


Tengo que llamarla. Volver a escuchar su voz. Estoy empezando a sufrir un síndrome de abstinencia que me vuelve loco. Pero necesito una buena excusa, porque llamarla sólo para hablar es de perdedor.


Podría pedirle que me devuelva uno de los CD que le presté. No serviría, nunca la presté un CD porque no nos gusta la misma música.


Entonces un libro. Pero yo no leo ni los chistes del diario, ¿qué libro le voy a pedir?.


En el tiempo que mi cerebro busca en el cajón de excusas mis dedos, sin pedir permiso, marcan su número como un reflejo condicionado. Antes que suene 2 veces me atienden del otro lado. Es una mujer, pero su voz no tiene la suavidad que estoy buscando. Reconozco de inmediato a su madre y tras saludarla amablemente pregunto por el centro de mi universo. Sin decirme nada la arpía esa con la que siempre guardamos un profundo y declarado odio recíproco dejó el teléfono y me anunció en forma despectiva y con un marcado desgano.


Siento sus pasos acercandose al teléfono. Rítmicos. Armoniosos. Mi corazón comienza a agitarse mientras ella se acerca. La espera se termina y siento la dulzura que sale de sus labios cruzar la línea telefónica hasta mi oído izquierdo. Contesto a su distante saludo y es en ése momento dejo toda mi suerte en manos de mi cerebro. Espero que estando bajo presión saque de la manga una excusa impecable y ponga en vías el tren de la conversación con destino a la felicidad eterna.


Abro la boca y sin siquiera tener que pensar largo las palabras mágicas: "Llamaba para ver cómo está tu mamá". Tras un pequeño silencio contestó "¿Por qué no le preguntaste cuando te atendió?". El tren de la conversación descarriló.


Cuelgo el teléfono y me quedo sentado mirando el aparato satisfecho por lo hecho. Fueron los 12 segundos de puro silencio más lindos de mi vida. No me quedan dudas que está profundamente enamorada de mi. Quiere disimularlo. Busca ocultarlo. Pero a mi no me engaña.


Mañana la llamo para preguntarle por el perro y la invito a tomar algo.