martes, 15 de enero de 2008

La verdad te hará libre

"Hubiera dado el mundo por haber tenido valor para decir la verdad, para vivir la verdad."


Oscar Wilde


Perdió noción del tiempo, pero el sonido del segundero ya se había convertido en una tortura china. Una gota de agua helada que se repetía sobre su frente.


Simplemente estaba sentado frente a aquel sobre marrón. En su interior estaba la respuesta a la pregunta que hacía tiempo merodeaba en su cabeza. Aquella pregunta que había surgido un día. Era una pregunta casi obvia con una respuesta trascendental.


Al principio intentó no pensar en eso. En todos lados buscaba, y creía encontrar, señas, indicios que le permitieran creer que la respuesta era la que deseaba. Pero con el tiempo no fue suficiente. Empezó a darse cuenta que interpretaba aquellas señales como a él le convenía y la pregunta en su cabeza fue cobrando fuerza, haciéndose oír cada vez mas y mas.


Nunca se había animado a hablar con nadie de ése tema. Y finalmente hizo lo necesario para aclarar sus dudas. De no haber hecho nada su vida hubiese continuado normalmente, pero con la interrogante siempre latente. De las dos respuestas posibles, una le permitiría seguir con su vida ya si el continuo martirio en su cabeza; y la otra simplemente haría que las paredes a su alrededor su desplomaran, el techo se le viniera encima y el suelo bajo sus pies se desmoronara. Su mundo colapsaría y ya no habría vuelta atrás.


Por eso ahora dudaba. Por eso el sobre estaba sobre la mesa, a sólo unos centímetros de distancia, y sus manos no se animaban a abrirlo.


Dió un par de vueltas por la habitación volviendo su mirada sobre el sobre una y otra vez, como si tuviese miedo de que se fuera volando. Repasaba en su mente cómo sería su vida con cada una de las posibles respuestas, y se preguntaba si no sería posible desaparecer el sobre y seguir viviendo con la duda. Tenía mucho mas para perder que para ganar. Pero ya había llegado tan lejos para saber la verdad que rendirse ahora simplemente no tendría sentido. "La verdad te hará libre", se dijo a sí mismo.


Creía saber cuál era la respuesta, pero no quería pensar en eso hasta no leerlo por lo menos un par de veces para estar seguro.


Finalmente se armó de coraje y tomó el sobre. Despacio y con cuidado cortó uno de sus lados. Con dos dedos tomó la hoja en su interior y muy lento la fue deslizando. Un momento antes de que la verdad saliera a la luz, cerró los ojos con fuerza, respiró profundo y su corazón se detuvo por un instante.

miércoles, 2 de enero de 2008

Pandora

"Yo sé que hay una trampa en cada sueño, que la esperanza es un castigo más."


Tango "Distancia" de Alejandro Dolina



El Titán Prometeo, que quería ganarse el cariño de los mortales, les afanó el fuego a los dioses y se los entregó a los hombres convirtiéndose, así, en el creador del fuego. Un típico ladrón de méritos ajenos.


Para castigar a la humanidad por el atrevimiento de Prometeo, Zeus mandó crear una mujer a la que todos los dioses le darían distintas virtudes. Hefesto la moldeó con una curvas de rechupete, Atenea le encajó la gracia y belleza femenina, la llenaron de collares y una corona de flores, y finalmente Hermes, gran conocedor de las mujeres según parece, le dió el don de la mentira, la seducción y el caracter inconstante. La flaca quedó mas buena que el flan con dulce de leche y fue conocida por el nombre de Pandora.


El príncipe de los dioses la despachó a Pandora en colectivo hasta la casa de Epimeteo, hermano de Prometeo, con un moño en la frente. Prometeo la cantó la posta a su hermano diciéndole que no aceptara ningún regalo de los dioses. Pero ya todos conocemos el poder de tiraje del vello púbico femenino, así que el flaco no sólo aceptó el regalo si no que además se casó con ella.


Claro que el castigo de Zeus no era sólo para Epimeteo, que ahora estaba casado pobre criaturita de dios, si no para toda la humanidad. A Pandora se le había entregado una caja y se le advirtió que jamás la abriera. ¿Una mujer con una caja misteriosa entre sus manos y se le pidió que no la abra? ¡Es como darle un video con la vida privada de un famoso a Jorge Rial y pedirle que no lo vea!



A Pandora le ganó la curiosidad y abrió la caja. De allí se escaparon todos los males de éste mundo: la vejez, la enfermedad, la fatiga, la locura, el vicio, la pasión, la plaga, la tristeza, la pobreza, el crimen, etc. Pero logró cerrar la caja antes de que el último mal se tomara el palo: la esperanza.


Pandora les dijo a los hombres que no todo estaba perdido, que UN mal no se había escapado. Es como que venga tu jermu y te diga que hizo pomada el auto, destrucción absoluta del vehículo, pero que por lo menos la alarma todavía funciona.