jueves, 6 de marzo de 2008

2 noticias en 1 minuto

Se me deprimió el pitón


El ministro de defensa de Camboya se compró un par de pitones con la creencia de que le traería buena suerte. Al macho lo nombró "Aumento de la fortuna en viernes", por haberlo adquirido dicho día de la semana, y a la hembra "Sábado afortunado". Personas como el ministro de defensa de Camboya son las que utilizan nombres como "Forro Pinchado" para sus hijos.


Al tiempo descubrió que sus nuevas mascotas habían caído en un pozo depresivo por sufrir de mal de amores (lo de psicólogo de mascotas es un gran curro) y un espíritu se le apareció anunciándole que debía casar a las serpientes para que puedan superar su depresión.


Se hizo la ceremonia y ahora los pitones viven felices.


Moraleja 1: ¡Cómo inventa giladas la gente con tal de festejar!


Moraleja 2: Si se te deprime el pitón tenés que casarte (aunque yo siempre pensé que era al revés, primero el casamiento y después la depresión. Por las dudas yo no me caso por mucho que se me deprima el pitón)


Fuente: MinutoUno.com



Mentime que me gusta


Eva es una jóven Española estudiante de Ciencias Políticas y de la Administración. Siguiendo la campaña política ha decidido hacer un striptease e ir mostrandolo por partes. Cada vez que José Luis Zapatero ó Mariano Rajoy, principales candidatos a la presidencia de su país, digan una mentira ella se quitará una prenda.


La idea de Eva es atraer la atención de los medios hacia las mentiras que los políticos dicen vuelta a vuelta, especialmente estando en campaña, y estimular a que la gente escuche lo que los políticos dicen y sean más críticos. Claro que con ratones en la cabeza no se piensa mucho mejor.


En éstos momentos, y a pocos días de las elecciones, Eva ha quedado tapado sólo por sus braguitas y promete quitárselas en la próxima mentira.


Por una vez en la vida espero que los políticos nos defrauden y hagan un cierre de campaña a pura mentiras.


Fuente: Eva se Desnuda

lunes, 3 de marzo de 2008

Volvieron los Colegiales

Primer día de clases. Padres acompañando a los más pequeños. Se reencuentran los viejos compañeros, comienzan a examinar a los nuevos. Algunos esperan el comienzo de las clases, otros visten luto por el final de las vacaciones. La directora y un discurso poco escuchado. Los profesores conociendo al rebaño que le tocó éste año. Rebaño con muchas caras nuevas, algunas caras repetidas y alguno que se está empezando a convertir en el "repitente vitalicio".


Pero nosotros, que no somos alumnos ni docentes, también sentimos el comienzo de las clases. Las horas picos en el tráfico se ven entorpecidas por transportes escolares, padres que buscan a sus hijos y los colectivos que deben agregar más coches al recorrido. Volverán las reuniones juveniles en la plazoleta 4 siglos1 después de clases.


Mientras pasaba frente a unos colegios camino al trabajo, viendo toda esa gente esperando en las puertas de aquellas instituciones educativas, intenté recordar cómo fueron mis primeros días de clases. No tuve mucho éxito, pues sólo pude recordar el primer día del último año del secundario. Sin embargo he podido recobrar del baúl de los recuerdos otros momentos de mis años en la escuela y el colegio.


Yo fui de esos que se enamoraron de su maestra de primer grado. Fui un patoterito golpeador hasta segundo grado (mi carrera de gangster duró poco). Los primeros años de mi carrera escolar me caracterizaba por tener "hormigas en la cola"2, pero con el tiempo eso fue cambiando al punto que en mis últimos años de facultad me costaba mantenerme despierto en clase. Mis primeras peleas a mano limpia, el sándwich del recreo, el único llamado de atención que me pusieron, las materias que me hacían volver al colegio durante los calurosos días de Diciembre.


Como la presentación de Los Años Maravillosos, con la música de Joe Cocker sonando en mi cabeza, aquellos momentos vuelven a mi memoria.